Hace tiempo, un joven con ese apellido se me acercó después de una charla. "Maestro", me dijo con orgullo, "mi familia fundó Monterrey". Lo miré y sonreí, porque me recordaba a mí mismo de joven, lleno de esas verdades que damos por sentadas. "Hijo", le respondí, "tu familia hizo algo mucho más difícil que fundar Monterrey: lo salvaron".

Y esa, muchachos, es la lección de hoy.

La verdad es que, si hubiéramos estado en la Plaza Zaragoza aquel 20 de septiembre de 1596, junto a Diego de Montemayor y esas doce familias pioneras, no habríamos encontrado a ningún Garza.

Entonces, ¿Quiénes Fundaron Realmente Monterrey?

La historia de nuestra ciudad es una de terquedad. Antes de Montemayor, hubo otros intentos. El primero, el de Luis de Carvajal, un hombre de origen judío converso, cuyo sueño se lo tragó la Inquisición.

Cuando Diego de Montemayor llegó en 1596 para la fundación definitiva, lo hizo con un puñado de valientes. Eran apenas 12 familias. Nombres como los de la Garza (pero otra rama, no la que conocemos), Pérez, Martínez. Hombres y mujeres que pusieron la primera piedra sobre un montón de ruinas y esperanzas.

El apellido Garza, en ese momento, no existía en esta tierra.

Si no Eran Fundadores, ¿Cuándo Llegaron los Garza?

Aquí es donde la historia se pone interesante. Tenemos que hablar de un hombre que es el verdadero patriarca del linaje en el noreste: Marcos Alonso de la Garza y Arcón.

Él no era un aventurero de primera hora. Era un hombre de negocios, un visionario que ya había forjado una fortuna en Durango. Llegó a este pequeño y polvoriento asentamiento llamado Monterrey más de una década después de su fundación, alrededor de 1608.

Piénsenlo bien. No llegó a cortar el listón de una nueva ciudad. Llegó cuando Monterrey era una aldea frágil que luchaba por no desaparecer. No fue el primero, pero llegó en el momento justo.

¿Cuál es la Diferencia entre Fundar y Construir?

Y esta es la lección más importante.

Los fundadores son los que tienen la idea. Ponen la primera piedra y sueñan con una catedral. Pero los constructores son los que traen el mármol, los que levantan los muros y los que se aseguran de que la catedral no se caiga en la primera tormenta.

Los Garza fueron los constructores de Nuevo León.

  • Inyectaron Capital y Gente: Marcos Alonso no llegó con las manos vacías. Trajo recursos, ganado y, sobre todo, una familia prolífica que llenó de vida el valle.
  • Crearon una Red de Poder: Sus hijos e hijas se casaron con las otras familias pobladoras, tejiendo una red de alianzas que se convirtió en la columna vertebral de la nueva sociedad.
  • Defendieron y Expandieron la Tierra: Se convirtieron en capitanes y terratenientes. No solo vivieron aquí, sino que lucharon por esta tierra y la hicieron prosperar.

Los fundadores tuvieron el coraje de empezar. Los Garza tuvieron la tenacidad para continuar. Y en esta tierra, muchachos, continuar es a menudo la tarea más heroica.

Conclusión: Un Legado de Constructores

Así que, cuando ese joven alumno me escuchó, su orgullo no disminuyó. Se transformó. Ya no se sentía orgulloso de un mito, sino de una verdad mucho más poderosa: sus ancestros no llegaron a una fiesta, llegaron a trabajar cuando la obra apenas comenzaba.

El legado de los Garza no está en un acta de fundación. Está en el acero de nuestras industrias, en el carácter de nuestra gente y en la certeza de que aquí, en el noreste, el verdadero mérito no es llegar primero, sino quedarse y construir.

La historia de su familia, como la de los Garza, seguramente esconde lecciones igual de valiosas. Es un libro esperando ser abierto.

Si sienten el llamado a descubrir a los fundadores y constructores de su propio linaje, me encantaría ser su guía en ese viaje.

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